Compartimos el discurso pronunciado por Renato Fernández, director de teatro y exalumno del Colegio de la Inmaculada, durante el brindis que tuvo lugar en el Claustro de la Iglesia de San Pedro, luego de la Eucaristía Central por los 450 años de la llegada de los jesuitas al Perú. 

Algunos jesuitas buscaron a los mejores artistas egresados de algún colegio jesuita, buscaron a los mejores y como no lo consiguieron aquí estoy. Me pidieron hacer algo que irrumpa, algo teatral, como no lo conseguí voy a hacer un discurso. Y no sé bien que decir, y mucho menos por dónde empezar. Así que empezaremos por el principio.

Cristóbal Colón. Si Colón no hubiera tomado sus carabelas, no hubiese descubierto América. Si Colón no hubiese descubierto américa, San Francisco de Borja, por quien tenemos un distrito que se llama San Borja, no hubiese hecho que los jesuítas llegaran ni a América Latina, ni al Perú. Y no se habrían fundado las reducciones jesuítas del Paraguay. Y si eso no hubiese ocurrido, no existiría Ruiz de Montoya, no habrían sido expulsados, y Jeremy Iron y Robert de Niro no habrían protagonizado la Película “la Misión”. Y si no hubiera sido por el Obispo de Huánuco, no habrían regresado. Y si no hubieran regresado no habrían fundado el colegio de la inmaculada. Y si no hubieran fundado el colegio de la inmaculada mi abuela no habría matriculado a mi papá, y si mi papá no hubiera amado el colegio no me hubiera matriculado y si él no me hubiera matriculado quizá no se me fomentaría mi vocación católica y yo no hubiera hecho el programa de la confirmación, y si no hubiera hecho la confirmación yo no hubiera conocido esa chica de la cual me enamoré de la forma como lo hice y esa chica no me hubiera el roto el corazón de la forma como lo hizo. Pero si esa chica no me hubiera roto el corazón como lo hizo, probablemente yo no hubiera escrito mi primera obra de teatro y no me hubiera dado cuenta que me gusta escribir teatro. Y si yo no me habría dado cuenta que me gusta escribir teatro, no hubiera escrito esa obra que ganó algunos premios y no tendría un título de autor joven, si no hubiera hecho eso algunos jesuitas no sabrían quién soy yo y no me hubieran llamado para venir acá hoy. Así que… que yo esté acá es gracias a Cristóbal Colón.

Pero… ¿Es gracias a Cristóbal Colón?
¿Se dieron cuenta que usé una pregunta y no una afirmación?
Vamos… ustedes siempre lo hacen: Responder con preguntas.
– Me quiero cambiar de carrera
– ¿Por qué quieres hacer eso?
– No me veo con terno toda mi vida.
– ¿Y qué quieres hacer?
– No lo sé… teatro.
– ¿Y te ves haciendo teatro siempre?
– ¿Por qué siempre respondes con preguntas?
– ¿Te parece que siempre respondo con preguntas?
– Es irónico.
– … ¿Irónico?

Estos Jesuitas siempre haciendo cosas de forma distinta. Siempre rompiendo un poquito las reglas. Aprendí mucho haciendo y viendo cosas. Por esas cosas que me es largo explicar terminé enseñando en un colegio tradicional. Y ellos se enteraron que era comediante y me llevaron a hacer monólogos de humor en sus jornadas juveniles por diferentes provincias. Y en una provincia me encontré en una conversación donde hablaban mal de la Universidad Católica, universidad donde estudié y que está invadida de jesuitas, y luego hablando mal de los jesuitas en sí. ¿Y saben? Lo disfruté. Esperé que la conversación avanzará para luego intervenir diciendo: Yo estudio en la Católica y soy egresado de colegio jesuita. Y me quedé ahí, con mis 450 años de historia en silencio, generando una atmósfera terrible en la sala. Tomé mi vino tan lentamente que me sentí personaje de película. Luego alguien cambió el tema de conversación y todo pasó. Ahí apliqué algo que me enseñaron con ejemplo, no a crear atmósferas tensas, sino a ver el poder de decir lo necesario y esperar en silencio.

Otro aprendizaje de los jesuitas viene por parte de mi papá. Sucede que mi papá siempre fue el chico problemas. Jalados por todos lados, pelos largos y respondón de lo peor. Y se tiraban las clases, escapaba del colegio. Pero no contaban con que el padre Crooke llegaría a buscarlos en una moto. “Ahí viene Crooke” y todos se escondían y demás, ahí comprendí que los curas no siempre son viejos.

Y claro que no son viejos, díganselo a Alfredo Castañeda, que en paz descanse, que con una memoria prodigiosa hasta sus últimos años se montaba en unos patines para celebrar su cumpleaños. Que imagen potente es celebrar tus setenta y tantos en el comedor del colegio montado en patines. Alfredo me enseño que la juventud es relativa.

Y fue Alfredo Castañeda, quien hizo con un hecho y no palabras que cambiaría mi forma de ver esta ciudad. Sucede que en tercero de media era común hacer una excursión por todo Pamplona donde en su punto máximo era estacionarse en la punta del cerro de casuarinas donde colinda el colegio donde estudié. A la derecha la ciudad que conocía y que tantas, tantísimas veces habría de recorrer, la Avenida Benavides y la carretera y toda esa Lima en su orden desordenado que tan bien conocía. Y a mi izquierda otra ciudad. A espaldas del cerro. A espaldas de todo. Cerros de cerros de casas que nunca había visto y donde vivía gente que probablemente nunca me cruzaría. Cuando la realidad es demasiado evidente no te queda otra cosa que volver a repensar todo.

Y así me pasó, quizá por eso mi arte siempre vaya en comprender esta ciudad. No la entiendo. Y Lima se parece mucho a mí. Lima tiene muchos lugares que no conozco. Y Lima, al igual que yo, había sido formada con infinitas decisiones tomadas a corto plazo. Ese día no entendí la ciudad… pero si me cuestioné.

El tiempo hace siempre lo que sabe hacer: pasar. Y en eso las cosas pasan. Siempre pasan. 450 años tuvieron que pasar, gente formando gente, fuego que enciende otros fuegos, para que nosotros pudiéramos estar acá. Cientos de años para que yo saliera del Colegio de la Inmaculada, y en quinto de media finalizando en la promoción San Alberto Hurtado, primera promoción que en toda la historia del colegio entra beata y sale santa, para que le escribiera dentro de un concurso a ese ya santo chileno un poema que dice así: en los patios de su historia una Compañía se sentó al ver unas huellas propias de los grandes corazones al caminar.

Narraría más, pero en esos 450 años la historia colocaría a Sotelo como profesor de literatura y leería el poema, le gustaría y terminaría diciendo “Tu poema es muy bueno… pero lamentablemente estás fuera de tiempo”. El poema se quedó en nada y se perdió y con él mi carrera de poeta. La historia de los jesuitas en el Perú llevó a que yo acabara pronto mi carrera de poeta. Quizá sí. Quizá no. No lo sé. En estos contextos me gustaría ser viejo y poder dar grandes reflexiones de la vida, grandes consejos. Pero la verdad es que no los tengo. A veces, siento que mis alumnos la tienen más clara que yo. Pero si hay algo que me gustaría valorar de mí. No tengo una anécdota clara pero seguro que me lo enseñaron. Nunca he dejado de hacer cosas.
Y quiero dejar una cita de un autor conocido.

“Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que todo depende de Dios”. San Ignacio de Loyola.
San Ignacio de Loyola, que posee una mentalidad y una historia interesantísima. Siempre me pregunto ¿Qué pensaría San Ignacio de Loyola si supiera que en la Universidad e instituto que lleva su nombre la gran mayoría de alumnos no sabe quién es San Ignacio de Loyola? Cosas que me pregunto. Viendo el carisma de la Compañía, yo creo que se reiría.

Ay estos Jesuitas siempre cambiando las cosas. Críticos. Algunos los llaman los izquierdistas de la iglesia. Estos curas que los han tildado de comunistas a veces. A veces parece que no rezaran, curas que no rezan ¿Qué? Estos curas que buscan el martirio. Están locos. Estos locos que todas sus claves de wifi siempre incluyen algún lugar ignaciano.

Los jesuitas y el silencio. Nunca encontré un silencio más profundo que el que trajo la misa con cuerpo presente del padre Jaime. Que riesgoso, a adolescentes que han vivido poco, que conocieron a Jaime, confrontarlos con un tema como la muerte. Pero la muerte es parte de la vida, y hubo mucha conexión. Cuando se vio el féretro entrar los más de mil alumnos presentes en el coliseo guardaron silencio. Hay silencios de todo tipo. Este fue de los más íntimos. Ese día aprendí que mil personas reunidas pueden estar sintiendo exactamente lo mismo.

Otra cosa que aprendí de los jesuitas es que uno se puede tomar un vino con ellos. Y es que me ayudó mucho tener de padre espiritual a Enrique RodrÍguez, Quique. La horizontalidad es algo común en ellos. Y que lo aplico siempre. Las jerarquías me son extrañas. Me enteré preparándome para hablar hoy que los jesuitas no suelen ser cardenales. Porque su formación es para otros lugares. Entonces, la pregunta salta. ¿Por qué Francisco es Papa? Por casualidades, que claramente no lo son.

Aprendí mucho de los jesuitas. E infinidad de cosas, que degeneraron en otras cosas, que me llevan acá haciendo esto, un seudo resumen de las cosas que aprendí. Porque no entra todo. Colegio inmaculada, Universidad Católica, y desde antes de terminar la universidad trabajo en la Universidad Pacífico. Siempre rodeado de ustedes. Infinidad de eventos, llevaron a que yo esté acá hablándoles cuando no sé si soy el más propicio para hacerlo. Estoy muy agradecido. Compañeros Jesuitas, me caen bien.

Alfredo Castañeda, Juan Luiz Lazarte, Enrique Rodríguez, Mi mamá diciéndome “yo soy tu madre”, mi papá, los talonarios de Fe y alegría, el Pebal, el San José, el “bajo tu manto sagrado mi madre aquí me dejó”. De donde viene ese cariño de los alumnos jesuitas por su colegio, de los jesuitas por sus alumnos, de los jesuitas por la Compañía, los misioneros por su misión, de donde viene tanto cariño sino del misterio. Y el misterio es silencio. En dónde se encuentra esa forma de actuar tan incómoda para algunos, tan Jesuita, que alimenta tanto. De donde viene tanto silencio. De donde viene todo lo que quiero decir que no llega a ningún lugar. Llega a que no se bien como me formaron. Pero me formaron, a mí y a mis compañeros que más veo, y a mi papá, y a los curas, hay algo que no se bien que nos caracteriza a todos. Y lo veo, en algún lugar, dentro. Algo que radica en la confianza. En el creer. Y, saben, siempre he sentido que han confiado en mí. Así que con todo esto quiero decir: lamento desilusionarte Cristóbal Colon. No me pusieron aquí los hechos sino la confianza que depositaron en mí.

Entonces, que hago yo, un católico no 100% practicante, dedicado algunos días a crear estas palabras para una celebración de los jesuitas. No solo por qué, sino qué, para qué. Y pensaba en mí, ¿por qué con mi poco tiempo me comprometo a estar acá? Estoy a punto de cumplir 30 años, estoy a punto de irme a Barcelona a estudiar, soy joven y adulto a la vez, y las preguntas de qué quiero hacer con mi vida saltan, en realidad nunca dejaron de salir, si he construido algo, si voy a poder seguir así nómade en el arte toda mi vida, si no me equivoqué, y todo eso salta porque para hablar de ustedes, necesito mirar mi relación con ustedes. Y siguen saliendo las preguntas y ahora veo, ante la cercanía de irme a estudiar afuera, de dejar todo en stand by en Lima, qué cosa quiero hacer ahora. ¿Qué planes tengo para mi vida?

Lo mío siempre fue el arte, la literatura y el teatro, cosas que me apasionan no saben cuánto, no veo mi vida alejado de esto. Y las preguntas siguen, y las preguntas siempre traen dudas y las dudas a veces traen inseguridades, ser artista en el Perú es casi un suicidio económico. Pero acá es donde entran ustedes, en este pensamiento que no es gratuito y mucho menos casualidad, sino bien aprendido. Bueno, si no hay oportunidades entonces generemos un cambio. Eso suena tan jesuita. Si no existen las oportunidades, entonces hay que crearlas. Me voy a estudiar afuera Gestión Cultural. Para volver algún día y generar espacios culturales donde no los hay. Quiero crear un lugar donde gente que no va al teatro vaya al teatro, y no porque está su amigo o sobrino trabajando necesariamente, sino porque quieren entretenerse y no distraerse. Quiero generar un cambio. En resumen, lo aprendido es la búsqueda de lo esencial. Y lo esencial siempre trae amor. El amor es lo esencial. Me veo en el futuro generando un cambio, un pasito al menos, todo lo que han hecho llego a mí para que yo busque fomentar cultura. Por lo menos la idea. Tengo muchas ganas de hacerlo. Que yo tenga la semilla para generar un cambio es donde todo lo hecho por mí toma sentido. Quizá soy un soñador, un loco, un buscador de imposibles. Dios, Jesús, no estoy solo. Tengo compañía.