La reunión en Roma sirvió para conocer los distintos modos de organización, los problemas comunes y las posibilidades de cooperación conjunta. Además, congregó a representantes de diversas conferencias, así como a responsables de archivos: India – Goa; Provincia Franco-Belga; Instituto Histórico del África; España; Provincia italiana; Provincia de Canadá; Provincia de Suiza; Conferencia de EE.UU.; Provincia del Japón; Universidad Gregoriana; Provincia de Chile; Provincia Colombiana; Archivo Jesuita Romano y el Archivo Histórico Jesuita Peruano.

Los cuatro días fueron introducidos por el P. General, cuyas palabras resaltaron la “importancia apostólica de la memoria histórica del cuerpo de la Compañía”. En efecto, la memoria histórica ayuda a fortalecer la unión de los corazones, vigoriza la misión y permite comprender mejor nuestra historia, espiritualidad e identidad.

Desde esta perspectiva, dice el P. General, el trabajo de los archiveros en la Compañía es una misión apostólica, que debe tener en cuenta el discernimiento como punto de partida. Por esto, debe ser guiada por el Espíritu Santo. Adicionalmente, animó a nutrir esta misión, de una parte, con el trabajo colaborativo al interior y afuera del cuerpo apostólico, y de otra parte, con un trabajo en red que permita el uso eficaz de los recursos.