Bernabé Cobo, SJ.

Misionero, naturalista, historiador. Nació en 1580, Lopera (Jaén), España; murió el 9 octubre de 1657 en Lima, Perú. Entró en la Compañía de Jesús el 14 octubre de 1601, en Lima; ordenado en 1612, en el Cusco, hizo sus últimos votos el 16 mayo de 1622 en Lima. A los dieciséis años de edad (1596), fue a la isla de Santo Domingo para alistarse en la expedición organizada por Antonio de Berrío y Domingo de Vera, en busca del famoso El Dorado. No hay datos que permitan suponer que participó de hecho en la empresa. Pasó a Panamá en 1597 y al Perú en 1599. Conoció entonces a Esteban *Páez, visitador del Perú, llegado de México ese año (31 julio), gracias al cual obtuvo una beca en el Colegio San Martín. A los dos años, entró en el noviciado jesuita San Antonio Abad. Estudió humanidades y filosofía en el Colegio San Pablo (1603-1608) y teología en el Cusco (1609-1613), donde aprendió el quechua. Cobo menciona una visita suya en 1610 a La Paz y a las ruinas de Tiwanaku (actual Bolivia). Desde que llegó a Santo Domingo, había mostrado sus dotes de observador, anotando con cuidado cuanto veía a su alrededor. Ya en Lima, hizo traer de España semillas de diversas clases, entre ellas la de la “espuela de caballero”, que pronto se aclimatizó. Siendo aún estudiante inició el ambicioso proyecto de escribir una historia completa del continente americano, para lo cual recogió información detallada en cada uno de los sitios donde estuvo. Pronto entró en conflicto con los superiores, que no veían con buenos ojos sus aficiones científicas, en perjuicio de la labor evangelizadora. No sin dificultades logró conciliar su trabajo de “obrero de indios” con sus investigaciones. Tras su primer destino de Lima (1613-1615), hizo la tercera probación en la *doctrina de Juli, donde aprendió el aymara. Escribió entonces (10 febrero 1616) al P. General Mucio Vitelleschi, pidiendo su traslado a la provincia de México. El provincial Diego Álvarez de Paz, en su informe al P. General (10 febrero 1617) sobre la provincia del Perú, decía que Cobo era “de mediana virtud y no muy mortificado”, y que había expresado la repugnancia con que llegó y seguía en la misión, aunque se había enmendado a base de penitencias. El P. General Vitelleschi escribió a Cobo (17 febrero 1618) que sobre su cambio de provincia se atuviese a lo que el provincial determinase. En la misma fecha escribía a Álvarez de Paz que viera si Cobo podría pasar a México. Destinado a Oruro (1618-1619), en tierras de la Audiencia de Charcas (hoy Bolivia), C visitó las minas de Potosí y Berenguela, y pasó a Arequipa (1619-1621), Pisco (1622-1625) y el Callao (1626-1629). Por entonces, volvió a insistir en su viaje a México. El 15 octubre 1628, Vitelleschi escribió al provincial Gonzalo de *Lyra que le agradaría que C se aquietase en lo de México, pero si instare y no hubiera en ello mayor dificultad, se trate con el provincial de esta provincia y se le envíe. Además, que deje se aplique a la labor misionera. En 1629, el provincial Nicolás Mastrilli le permitió ir a México, adonde llegó tras un lento recorrido por Nicaragua y Guatemala, y se estableció en Puebla. Le escribió (25 abril 1630) Vitelleschi que, aunque su ida a México era para acabar la historia, lo haga de modo que no falte a los ministerios, y le pide que no viaje tanto. En 1633, pidió regresar de nuevo al Perú. Vitelleschi le contestó (16 enero 1634), manifestándole su satisfacción por el adelanto de su historia y negándole el permiso solicitado. Cobo pasó entonces a la ciudad de México, donde estuvo hasta 1642, cuando se le dejó volver al Perú. En Lima, siguió trabajando en su obra, que quedó concluida el 7 julio 1657, fecha del prólogo. Con todo, sólo se publicó dos siglos y medio más tarde. Su monumental Historia del Nuevo Mundo se divide en tres partes. La primera, única que se ha conservado íntegramente, consta de catorce libros que se refieren a la naturaleza. Hace una descripción y clasificación de los minerales, plantas y animales. Analiza el uso que hacían de ellos los indios, la implantación de nuevos elementos por los españoles y su adaptación al medio. Tiene particular interés su estudio sobre la *quinina, en uso desde tiempos remotos, que fue dada a conocer por los jesuitas que se relacionaron con los indígenas en las regiones fronterizas de los actuales Perú y Ecuador. Cobo introdujo en el Perú la chirimoya, que había conocido en Guatemala. El botánico Antonio José Cavanilles en honor a Cobo denominó “Cobocea”, una planta mexicana de la familia de las bignonacias. La segunda parte, de quince libros, de los que sólo se conservan tres, trata de la historia de América del Sur, en especial del Tahuantinsuyu o Imperio Inca. Son excelentes sus síntesis sobre la religión andina y sobre la organización social incaica. La tercera parte, de catorce libros, referente a América Central y del Norte, se ha perdido en su totalidad.

OBRAS.

  • Historia del Nuevo Mundo, ed. M. González de la Rosa (Lima, 1882).

  • Historia de la fundación de Lima, ed. M. González de la Rosa (Lima, 1935).

  • Obras del P. Bernabé Cobo de la Compañía de Jesús, ed. F. Mateos (Madrid, 1956).