Bernardo Bitti, SJ

Misionero, pintor, escultor. Nació en 1548, en Camerino (Macerata, Italia). Falleció en 1610 en Lima, Perú.

Tras estudiar pintura en Roma, fue admitido en la Compañía de Jesús como hermano. El libro del noviciado de la provincia romana indica que su nombre era Demócrito; pero desde entonces, se le llamó Bernardo. Fue destinado (1573) al Perú por el P. General Everardo Mercuriano, a petición expresa de Diego de Bracamonte, procurador extraoficial de la provincia del Perú. Llegó a Lima el 31 mayo 1575, en la expedición dirigida por el Visitador Juan de la Plaza y Bracamonte.

Trabajó como pintor y tallista, en las iglesias y residencias jesuitas de Lima, Cusco, Huamanga (actual Ayacucho), Arequipa y Juli, todos en el Perú, y en La Paz, Chuquisaca (hoy Sucre) y Potosí, en Bolivia. En sus primeras obras siguió a los manieristas romanos Federico Zuccari y Giorgio Vasari, pero poco a poco adquirió un estilo personal, que llegó a su máxima expresión en las pinturas de la iglesia jesuita de Chuquisaca. Aunque mostró capacidad de adaptación al medio circundante, su arte se mantuvo fiel a la manera italiana en la expresión de ambientes y figuras humanas.

Las obras de Bitti que se conservan son sobre todo retablos en las iglesias jesuitas de Lima, Arequipa y Juli, en la catedral de Cusco, así como en los museos de la catedral y de Santa Clara de Sucre. Maestro de pintores, su influencia fue enorme, de modo que en los museos bolivianos hay muchos cuadros de autores anónimos, pertenecientes a su escuela. En colaboración con el hermano cordobés, Pedro de Vargas, realizó en Lima y en el Cusco un buen número de trabajos de escultura y bajorrelieve en maguey, material muy usado por los indios.

En 1599, escribió desde Chuquisaca al P. General pidiendo regresar a Italia. Aquaviva le sugirió (13 noviembre 1600) que sacrificase a Dios en aquella tierra lo poco que le quedase de vida, mejor que exponerla «al peligro que puede tener en tan largos caminos de mar y tierra». Agotadas las fuerzas, Bitti estaba en Lima hacia 1601, aunque parece que no interrumpió entonces su trabajo, gozando siempre del aprecio de sus contemporáneos como artista y religioso. Los elogios que hacía de los misioneros italianos el memorial de los procuradores del Perú (12 noviembre 1576) se basaban, sin duda, en la conducta de Bitti, entonces el primero y único italiano de la provincia del Perú.