Venerable Francisco del Castillo, SJ

Fue bautizado en la parroquia del Sagrario de la Catedral de Lima y estudió en el colegio-seminario jesuita Colegio Real de San Martín de Lima.

A los 16 años, ingresó al noviciado, pronunciando sus votos religiosos el 2 de enero de 1635. En 1642 fue ordenado presbítero. El 6 de febrero de 1650, hizo sus votos finales en la Compañía de Jesús.

El 10 de marzo de 1648 empezó su actividad en la Plaza del Baratillo, situada en el distrito de Rímac, y portando una cruz que hasta el día de hoy se encuentra en la Iglesia San Pedro, se dedicó a la catequesis de los numerosos asistentes que se congregaban en dicha plaza, sobre todo los esclavos afrodescendientes que trabajaban ese día. El estudioso Jean-Pierre Tardieu anota que él habría sido el autor de un manual de devociones en la lengua de los esclavos.

Las cartas anuas de los jesuitas indican el incremento de población asistente no sólo a sus prédicas, sino en la procesión que encabezaba desde la Plaza hasta una pequeña capilla adyacente a la casa del Virrey. Dicha capilla fue solicitada por los jesuitas para poder hacer allí un espacio de formación de los numerosos niños que habían quedado desamparados (de allí que se pusiera bajo la advocación de la Virgen de los Desamparados) Es así que el 12 de noviembre de 1658, la Compañía de Jesús tomó posesión de la denominada Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados. Asociada a ella Francisco Del Castillo fundó la Escuela de Cristo, bajo la veneración de la imagen del Cristo de la Agonía. El Crucifijo de la Agonía. Es en este contexto que el Venerable originó la tradición del Sermón de las Tres horas, al lado de la imagen, los viernes santos. Desde el Perú esta tradición sería llevada a Europa.

Le unió una vinculación espiritual con el misionero Antonio Ruiz de Montoya, quien habría sido un maestro en oración para el joven Francisco, quien sería el responsable del método para orar eficazmente que redactó el viejo misionero, al habérselo pedido aquel razón originaria del Silex del divino amor y rapto del ánimo en el conocimiento de la primera causa.

Se le atribuyen milagros y su proceso de beatificación sigue en curso.